No somos lo que comemos, sino lo que somos capaces de digerir.

Por mucho que queramos alimentarnos bien, con los mejores productos y las más ricas recetas, de nada nos sirve si nuestro sistema digestivo no es capaz de asimilar los nutrientes que aporta la dieta. Eso, en caso de que los aporte, porque actualmente a casi cualquier cosa se le llama comida, que no por llamarse así lo es: no todo de lo que entra por nuestra boca, alimenta y nutre nuestro cuerpo.

Hace sólo 40 años, cuando aparecía un niño con alergia en las aulas de algún colegio, era un caso extraordinario, un suceso aislado, raro, especial… Hoy en día los casos de intolerancias y alergias a los alimentos ha crecido de manera exponencial, hasta el punto de que ya convivimos con ellos de un modo normalizado, cuando no debería de estarlo en absoluto.

Algo no estamos haciendo bien ¿no crees?

Con la llegada de la industrialización y de la globalización, en un intento de subirnos a la vertiginosa espiral en que se ha convertido la vida social, tomamos como alimentos productos procesados, que invaden de toxinas nuestro organismo.

El ser humano es una máquina perfecta y tiene la capacidad de eliminar muchos de esos tóxicos si le llegan en pequeñas cantidades.

El problema es que tanto las nanopartículas tóxicas de metales pesados o de productos químicos, como los bisfenoles propios de los compuestos plásticos son bioacumulativas. El cuerpo no las reconoce, no son degradables y termina por acumularlas en los tejidos grasos, puesto que la mayoría de estas partículas son lipófilas, es decir que tienen afinidad por las grasas. ¿Sabías que el cerebro está compuesto en un 60% de grasas?

Diversos estudios han probado que existe una relación directa entre la acumulación de aluminio (capaz de atravesar la barrera hematoencefálica) y la enfermedad de Alzheimer, por poner solo un ejemplo de las evidencias científicas que muestran la relación existente entre la acumulación de tóxicos como los metales pesados y diversas enfermedades neurodegenerativas.

Una de las herramientas que posee el ser humano para protegerse ante esta agresión con consecuencias tan degradadoras es cuidar de su microbiota, de la que a menudo olvidamos su existencia.

Me pregunto por qué el ser humano se olvida de las cosas que no puede ver, oír y tocar, pero eso es tema a parte

Recordemos que los microorganismos que componen la microbiota se ordenan formando un equilibrio entre todos ellos, de manera que actúan como un solo órgano.

Si este equilibrio se pierde (lo que venimos a denominar disbiosis) empezamos a tener serios problemas que pueden darse a diferentes niveles (inmunológico, gastrointestinal, neurológico…) ya que -aunque todavía estamos «en pañales», como aquel que dice- existe una ya demostrada relación entre microbiota y salud.

La manera en cómo se desequilibra nuestra microbiota viene dada por múltiples factores, pero los principales forman parte de un inadecuado estilo de vida propio de la sociedad actual, que lleva implícitos algunos de los más importantes, como el estrés, la toma de antibióticos y la mala alimentación basada en productos procesados, y manipulados o almacenados con materiales artificiales.

Todo ello hace que nuestro sistema digestivo se debilite y veamos mermado el antes poderoso ejército que representan los millones de bacterias que viven dependientes de nosotros y que a la vez nos aportan infinidad de beneficios.

Nota: Hay que señalar que la dependencia es mutua: la microbiota nos necesita igual que nosotros a ella y no podríamos vivir uno sin la otra.

Tanto es así que:

no ser capaces de digerir lo que ingerimos se traduce en pérdida de salud.

Recuperando la sencillez, la materia prima libre de tóxicos (ecológica), las recetas que fueron heredadas de la sabiduría de todas las tradiciones de la tierra, es la manera  como podemos revertir ese proceso, del que yo creo firmemente que hay todavía retorno.

Mi objetivo es acompañarte en la recuperación de ese camino de vuelta a casa. Te invito a que pruebes a comer mejor y valores los resultados. Solo tú tienes la capacidad de hacerlo.

Fuente imagen de la entrada: Wikimedia

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Rosa

    De acuerdo en todo. Ojalá hubiera más gente como tú, con tu tesón y capacidad de transmitir las bondades y beneficios de una alimentación saludable que solo puede reportarnos energía, vitalidad, salud y en definitiva una vida mejor y más feliz!.
    Gracias por compartir tanta sabiduria.

    1. Paloma Alós Matarredona

      Gracias por comentar, Rosa! La verdad es que la sabiduría de la que hablas es patrimonio de todos, pertenece al legado que nos dejaron nuestras anteriores generaciones, que sabían cómo servirse de la Naturaleza para casi absolutamente todo, cuando no había tantos productos químicos ni tanta comida artificial. Hemos perdido el hábito de cocinar usando el producto natural, que es la base de nuestra alimentación y eso genera alteraciones (a veces importantes) en nuestro organismo… Por otro lado el tema de microbiota tampoco es nuevo, pero es muy complejo y se puede decir que aún está «en pañales»; sin embargo hay ya muchos estudios que evidencian la relación directa entre la misma y nuestra salud.
      Lo que trato de hacer es llegar a cuanta más gente mejor la necesidad de recuperar la cocina, el alimento de proximidad, la sencillez y la importancia de anteponer un estilo de vida con menos estrés, porque el estrés es uno de los factores que puede generar mayor disbiosis (alteraciones en la microbiota).
      Ojalá a través de mi trabajo consiga ayudar a muchas personas. Es una labor lenta, pero gota a gota se puede llenar un vaso. Un abrazo.

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