Disfrutando de sobrina

He de aclarar que esta experiencia que voy a compartir en el artículo que presento a continuación (Lo que aprendí de mi enfermedad) puede extrapolarse a cualquier tipo de enfermedad que requiera o no de cuidados hospitalarios y que hablar de cáncer es solo el ejemplo que utilizo porque fue lo que yo viví.

Te dan un diagnóstico de cáncer, que en mi caso fue de mama. A partir de ese momento, el hospital se convierte en tu segundo hogar.

Yo tenía la inmensa fortuna de vivir en la misma ciudad donde estaba el hospital, y digo eso porque con el tiempo llegué a conocer y saber de mucha gente que a las horas de espera y de tratamiento, debían sumar además horas de viaje, porque venían desde pueblos donde no tienen infraestructura ni recursos para poder administrar quimioterapia, o personas que se veían en la tesitura de necesitar alquilar un piso cerca para poder tener un «techo» con su familiar acompañante (en que caso de que tuvieran la suerte de tenerlo), porque vivían tan lejos que no era posible ir y volver tan a menudo. Pero yo no, a mí los días de quimio por lo general me acompañaba mi chico en coche y me dejaba en la puerta como una princesa. Y cuando tenía revisión o alguna prueba sin más, ya me iba yo en bus, «puerta a puerta»… ahí, en el bus, como una marquesa.

Lo siguiente al diagnóstico es someterte a mil pruebas para ver el alcance y comprobar el estado del resto de órganos. A veces se hacían eternas, bien porque eran largas en sí mismas, bien porque en la pantallita donde se te indica el paso a consulta parece que se han olvidado de ti, bien porque te encuentras tan mal que por rápido que ocurra todo, parece interminable… pero además porque cuando uno solo desea que pase el tiempo, sí o sí entra en ansiedad, y el vivir un presente cuando uno está en cualquiera de los infinitos posibles futuros alternativos que le pueden pasar, es un sinvivir.

Y cuando por fin se indica un tratamiento concreto, individualizado y personalizado, debatido amplia y profesionalmente por un cuadro de médicos especialistas que actúa en consenso, empiezan las sesiones de quimio, o de radio, o ambas. A veces, antes de operar, a veces después (a mí antes; y afortunadamente solo me llegaron a dar quimio. Menos mal, porque aún así no pude terminar todas las sesiones, que me perdonaron dos porque entre otras cosas «se me quemó la piel», vamos a decirlo así,  por fuera y por dentro). Y hay para todos los gustos. Yo tuve sesiones de goteros de cuatro horas y sesiones de doce horas… En todos los casos hay que pasar antes por enfermería a que te hagan una analítica urgente para confirmar que tu cuerpo podrá soportar otra tanda (el biberón, como le llamaban irónicamente algunas en mi planta). Y es por eso que cuando decimos que se convierte en un segundo hogar, no es hablar por hablar: es literal.

Llegué a perder muchos kilos. Concretamente, me quedé en unos 45 ó 46, midiendo 1,65 m (mejor no calcules en cuánto infrapeso me había quedado. ¿Tenía caquexia? Sí, evidentemente. Si me veías desnuda parecía una anciana anoréxica, encorvada y llena de colgajos; vestida no cambiaba mucho más: aún recuerdo cuando la gente se giraba a mirarme por la calle… esa sensación no se olvida nunca!). Pero sin embargo me sentía fuerte, incluso continué yendo a trabajar casi hasta el final. Pedía en el hospital que me administraran mi dosis los viernes, así tenía el fin de semana para poder estar todo lo mareada que mi cuerpo necesitara sin problema. A partir del lunes recuperaba mi vida normal. Alguna vez hube de salir corriendo y volver a mi casa en taxi, atropellada por las diarreas que me sobrevenían sin previo aviso, pero -otra vez afortunadamente- fue en pocas ocasiones. Mis jefes no me exigían más de lo que sabían que podía dar, que por otra parte, era todo lo que era capaz.

Cuando mi oncóloga se enteró a mitad tratamiento de que no había dejado de ir al trabajo se echó las manos a la cabeza. No entendía de dónde sacaba las fuerzas. También he de decir que nunca me echaron atrás una dosis de quimio por pensar que no podría soportarla. Si me hubiérais visto, no dábais crédito! Yo lo pienso ahora y me cuesta creerlo.

Pero yo sí sé de dónde me venían las fuerzas:

  1. Del apoyo incondicional de mi familia y mis seres queridos. Está demostrado que EL AMOR CURA, igual que la pena mata. Yo lo he experimentado en mí misma. Estoy segura de que más de una persona que ahora me esté leyendo está de acuerdo conmigo o conoce algún caso (si queréis comentar, me encantaría). Pero además de eso, científicamente se puede también decir que es así.
  2. De la alimentación necesaria para mantener mi cuerpo con energía, pero limpio. Lo que comemos y bebemos se convierte en nuestra sangre y nuestra carne y forma nuestro cuerpo físico. Como parte de él, algunos de nuestros órganos se encargan de filtrar y eliminar los residuos y la toxicidad que acompaña ese proceso. Si les damos trabajo en exceso (comiendo o bebiendo lo que los puede ensuciar) no tendrán suficientes recursos para abarcar tanto. Ahí es donde podemos ayudar mucho a nuestro cuerpo.
  3. De la firme decisión de aprender de este proceso. Entre otros, hay dos grandes principios en la Naturaleza: el principio de polaridad (noche/día, salud/enfermedad, pobreza/riqueza, blanco/negro…)

Todo, absolutamente todo lo que existe en este mundo tiene una cara y un dorso, y  así como es la cara, es el dorso

o el principio de correspondencia, tal como reza el famoso axioma hermético

así como es arriba es abajo,

atribuidos a Hermes Trismegisto, y recogidos en la obra El Kybalión). ¿Qué tiene que ver esto con el proceso de una enfermedad?: que si es tan mala, es seguro que algo me trae de bueno en la misma proporción; a la vez, todo lo que está sucediendo tiene una repercusión en todo cuanto sucede a cualquier nivel. Yo quería entender qué podía hacer para darle la vuelta a todo lo que me estaba pasando y quedarme con las cosas buenas que pudiera tener, porque sí o sí las tenía que tener.

Estos tres pilares se convirtieron en mi único foco. Un foco corto, de día a día. No más. Superar el día era un reto cada vez. Aprendí a no plantearme el futuro, porque ni siquiera sabía si lo podría tener y no era ilusionante pensar en ello. Así que me limité a quedarme en mi presente y disfrutarlo al máximo. Ese fue mi primer aprendizaje.

No existe una fórmula mágica para afrontar una enfermedad o una situación que parece que nos viene grande (sea la que sea), pero sí existe la capacidad del ser humano para plantearse las cosas y ponerlas en duda, para usar las herramientas que estén a nuestro alcance, para ayudarnos entre nosotros, para aprender y para superarse.

¿Curarse o no? Mi experiencia es que llega un momento en el que aceptas la enfermedad y lo que venga con ella (aceptación y conformismo no son sinónimos). Ese fue el primer paso que di para curarme, o al menos así lo siento yo. Porque cuando aceptas, abres tu corazón, agachas la cabeza, el ego se va y no importan ni nombres ni apellidos, ni títulos, ni estudios, niveles o grados, ni posesiones… solo importa lo que eres ante ti mismo; importa el valor de mirar de frente y no encontrar un enemigo sino una oportunidad para hacerte más fuerte con el proceso (y hacerse fuerte no es vencer o ser derrotado; vuelvo a señalar: no hay lucha, no hay enemigos, no hay ganadores, ni perdedores… solo hay aprendizaje). Y yo me hice muy fuerte.

Cada persona vive una misma situación de manera diferente, pero bajo mi punto de vista para conseguir la realización de cualquier cosa se hace imprescindible unir cuerpo, mente y corazón, porque de ese modo la intención y el foco van de la mano a conectarte con la vida. Ninguno de los tres puede hacer nada en solitario. Entender eso fue el segundo paso que di para curarme.

Las tres próximas entradas de este blog, voy a dedicarlas correlativamente a ampliar esos tres puntos: de dónde saqué las fuerzas.

Varita mágica no tengo, pero mi compartir quizá te pueda aportar un nuevo punto de vista, o inspirarte, o animarte. Con que llegue a una sola persona y pueda ayudarle, estaré contenta.

Esta entrada tiene 6 comentarios

  1. Rosa

    Solo puedo añadir a este testimonio tan duro como emocionante que Paloma Alos..de la que tengo el orgullo de ser su hermana,es UN SER UNICO,ESPECIAL Y MARAVILLOSO, VALIENTE COMO POCAS Y CON UN ENORME CORAZON que le ha permitido vivir su enfermedad como una oportunidad para ..si cabe..ser aun MEJOR.
    Enhorabuena hermana por tu testimonio,tu gran valía y tu capacidad para hacerle llegar a las personas semejante mensaje de esperanza que a buen seguro ayudara a muchas personas que,como tu..desean comerse la vida a mordiscos!! Te quiero

    1. Paloma Alós Matarredona

      Formaste y formas parte de uno de esos pilares que considero imprescindibles para superar cualquier reto: el apoyo incondicional de mis seres queridos. Gracias por estar siempre a mi lado. Por la VIDA! Yo también te quiero!

  2. Ikerne

    Felicidades por tu valentía y fortaleza, mi admiración absoluta, pero a todas las penurias que has pasado, imagina que tienes que agrega que tu familia que te ignora….. Y tienes que ser fuerte y cerrar el círculo con por pareja e hijos, el sufrimiento es más, da gracias a quién toque, por estar rodeada de todo amor. Sin darme cuenta me acabo de desahogar contigo, mira una cosa más a tu favor. Dentro de unos días me operan de un tumor en fémur y con tus palabras me he dado cuenta que puedo escribir y soltar…… Mucho ánimo y a seguir luchando ❤️

    1. Paloma Alós Matarredona

      Buenas tardes Ikerne. Ante todo, quiero darte las GRACIAS por tu arrojo al declarar que tu familia te ignora. Sé que cuando no se pasa por una situación así, no se puede saber jamás hasta dónde puede llegar el sufrimiento. No obstante y aunque con dificultad, creo que sí puedo imaginarlo…, aunque nunca será como pasar por la propia experiencia. Lo puedo imaginar porque desafortunadamente el par de años que estuve pasando más tiempo en el hospital que en mi casa, pude conocer de primera mano muchos casos. Es muy triste. Por eso me gustaría ayudar a concienciar a las personas tanto enfermas como las que no lo están pero sí tienen alguien enfermo cerca, de lo determinante que puede llegar a ser el apoyo emocional y para ello dedicaré las próximas entradas a lo que para mí es fundamental: cuidarse físicamente (sobretodo con alimentación, pero no solamente comida), cuidarse emocionalmente (y ahí abarcar lo fundamental de tener ese apoyo del que hablaba, que si no se tiene, ha de encontrarse como sea, pero no quedarse/sentirse solo) y cuidarse mentalmente (porque es imprescindible mantener entera la claridad mental, la capacidad racional, la firmeza, la confianza… para seguir andando hacia delante). Yo contaré poco a poco lo que me sirvió a mí. Quizá no te sirva a ti, pero te puede dar ideas. Y sobretodo lo haré porque compartiendo todo se hace más fácil.
      En cuanto a lo de dar las GRACIAS, las doy cada día de mi vida, incluso antes de abrir los ojos, cuando tomo consciencia de que he pasado una noche más y sigo viva, acompañada, sana. Sé la gran fortuna que tengo. Es esa que ni todo el oro del mundo la podría comprar.
      No te conozco, pero después de lo que has escrito espero que me permitas decirte algo que ya sabes: «Tú eres la persona más importante de tu vida». Ninguna otra puede vivir dentro de ti, excepto tú misma. Así que quiérete y mímate cuanto te sea posible.
      Hablas de soltar. No sabes lo importante que es: Soltar, desprenderse, vaciar… Cuánto me alegra que te haya servido leer y reaccionar a esta entrada a través de tu comentario. Dices que te has dado cuenta de que puedes escribir y soltar… GENIAL! PUES HAZLO! Saca todo lo que no has podido decir, lo que no te has atrevido a gritar, lo que te has callado para ti sin permitirte expresar. Y hazlo con urgencia. Siente, llora, ríe… saca y suelta! Porque Tú eres la persona más importante de tu vida, no lo olvides. No hace falta que lo lea nadie. Es un ejercicio de expresar, para que no se quede dentro nada que luego se pueda enquistar, como parece que te ha pasado, como también me pasó a mí… Y cuando termines, lo rompes en mil pedacitos y lo tiras por el wc, o a la basura. Pero una vez escrito, ya has encontrado una manera de expresarlo y soltar.
      Y luchar, como he tratado de explicar en la entrada, personalmente yo no lo veo como una lucha. De todas las cosas que suceden en nuestra vida creo que debemos de aprender, incluída la enfermedad. A mí me enseñó mucho y aún hoy sigo aprendiendo. Piénsalo. No se trata de conformarse, sino de trabajar para ser mejor, de cambiar lo que nos ha podido llevar a la situación que no queremos atravesar. Cuando te das cuenta de eso, poco a poco todo empieza a volver a su sitio. Repito: es mi experiencia. A mí me sirve cada día pensar así.
      Confía en los médicos que te van a operar y en tu fuerza interior para salir adelante. Te mando una sonrisa y mi cariño, de corazón. Todo irá bien!
      Seguiré por aquí.

  3. Ainhoa

    Palomilla, no sabes lo agusto que he leído tu experiencia. Eres increíblemente una super woman. Felicidades por tu valentía y fortaleza y sobretodo por como lo llevaste, el sacar algo positivo o aprender de situaciones tan complicadas xq estas es admirable. Te quiero mucho!!!

    1. Paloma Alós Matarredona

      Ainhoa! Cuánto tiempo sin saber de ti!! Qué alegría más grande me has dado! Gracias por leerme y por comentar. No soy ninguna súper mujer, solo soy apenas en parte cabeza visible de otras miles de personas que ya han pasado por lo mismo y miles que en este momento de su vida están en ello… Tú sabes bien del tema, que todo el proceso propio que realizaste acompañando a tu madre en el suyo propio con su cáncer también sería digno de la mejor de las condecoraciones. Qué manera de querer a alguien! Cada uno tenemos nuestras experiencias y algunas las dos sabemos lo durísimas que pueden llegar a ser.
      La verdad es que hasta ahora no he tenido la necesidad de abrirme a contar todo esto. Pero me he dado cuenta de que la manera de ayudar a veces no consiste en tanto estudiar, sino en abrir el corazón y dar lo que uno es o ha aprendido a ser: eso reconforta, calma y ayuda a conciliar el sueño. No te quepa la menor duda de que tod@s tenemos la capacidad de sacar algo positivo de cualquier situación. Tú también lo hiciste, el día que falleció tu madre. Nunca olvidaré tu relato, la paz que transmitías (y no sé si alguna vez te lo agradecí, por lo que lo hago ahora). Yo también te quiero mucho! Cuídate, linda. Te espero por aquí de vez en cuando, si te apetece seguir leyéndome. Un abrazo,

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