Todos los seres humanos poseemos la capacidad innata para ayudar a los demás consiguiendo que se sientan mejor y para ello no se requieren títulos, solo poner intención, corazón y manos a la obra.

Cuando un enfermo es acompañado en su proceso y en ese acompañamiento se le atiende, se le escucha, se le coge la mano, se le ofrece apoyo… éste experimenta mejoría, pues esa persona se siente querida y valorada.

¿Sabías que cuando una persona se siente querida su cerebro segrega opiáceos?

Al revés, cuando una persona se siente sola, abatida, infravalorada, no querida… el dolor físico que pueda tener experimenta un aumento de modo que la magnitud de este dolor es mayor, ya que el cerebro interpreta la carencia emocional positiva como dolor físico. Es decir, no distingue entre dolor físico y emocional.

Estoy segura de que alguna vez en la vida todos nos hemos sentido despreciados, anulados, rechazados. Quizá por motivos diferentes, pero sea como sea sentirse «abandonado», «solo», «insignificante», es doloroso.

En una ocasión, yo misma sufrí malos tratos. Jamás hablo de ello. Pero hoy lo comparto con la boca chica, porque ello me licita el poder afirmar contundentemente que el rechazo puede ser tan doloroso, que consigue anestesiar hasta llegar a anularte.

Otras veces he visto de cerca, cómo alguien sufría el dolor de sentirse abandonado, como le ocurrió a mi padre, que se hundió tras el fallecimiento de mi madre. Él sentía que ella le había traicionado porque no aceptaba haberse quedado solo, y la culpaba de su desgracia… El dolor de su muerte le invadió, en todos los sentidos.

Por fin, cuando yo tuve el cáncer hace unos años, desde el principio supe que la mitad de mi curación estaba hecha: las personas que me quieren, habían tejido un colchón invisible con su cariño, donde refugiarme de mis miedos y hacerme fuerte. Fue precioso ver la otra cara de la moneda. Siempre hay otra cara.

Hay una relación directa entre los procesos mentales y las emociones, así como una relación directa de éstos con el cuerpo físico. Una persona motivada es capaz de crear y de aprender. Una persona viviendo en estrés mantenido en el tiempo produce altas cantidades de cortisol, que -unido a las células nerviosas- aumenta los niveles del neurotransmisor glutamato. Estos niveles aumentados de cortisol y glutamato degenera en la muerte de las células del sistema nervioso. Es decir, que se puede afirmar que

los estados anímicos y afectivos pueden llegar a matar neuronas.

Esto no lo digo yo, lo avala el Dr. Mario Alonso Puig, médico especialista en cirugía general y del Aparato Digestivo, que ha dedicado su vida a la Medicina, al estudio de la Inteligencia Humana y a la psiconeurobiología, entre un larguísimo etcétera.

Durante muchas de mis sesiones de quimio, era una de mis elecciones a la hora de ponerme los cascos. Cerraba los ojos y lo escuchaba a él. Siempre me hacía sonreír y elevaba mi motivación. Me hacía sentir esperanza en el ser humano, me hacía sentir bien. Todavía lo consigue.

Entender todo esto y tenerlo presente, tanto desde el lugar del enfermo como desde el que no lo está, es imprescindible para el restablecimiento de la salud.

  • Desde el lugar del enfermo

    Porque recrearse en el dolor o la angustia que está pasando solo le puede generar más dolor y más sufrimiento. Es necesario subir su autoestima, hacerse fuerte, sentirse capaz. Si tiene la suerte de contar con personas que le quieren, le ayudan y le apoyan, tiene medio camino hecho. Si no las tiene será más duro, eso es evidente, pero deberá buscar alternativas:

La primera medida siempre es cuidarse mucho más a sí mismo, y esto pasa por quererse. A menudo encuentro quien no tiene apoyo emocional y en cuanto rasco un poco, casi siempre encuentro algo más: una gran falta de autoestima. Es difícil darse cuenta y aceptar esto, pero mi experiencia me indica que es una de las posibilidades de fondo. Nadie dice que sea fácil, pero eso se puede cambiar, poco a poco.

Tal como le comenté a una lectora de este blog hace poco: «Tú eres lo más importante de tu vida». Si hay algo ahí fuera que quieras que cambie su relación contigo, primero debes cambiar algo dentro de ti.

Te sugiero algunas ideas para empezar a quererte un poco más:

  1. Buscar tiempo para hacer cosas que te gusten, porque de ese modo reconoces la existencia de ese niñ@ interior que todos llevamos y le permites que juegue, que es a lo que se dedican los niños. Eso te devuelve la sonrisa aunque sea temporalmente. A mí me encantaba leer y ver películas, pero sobretodo disfrutaba durante horas viendo programas de viajeros, intentando encontrar un lugar en el mundo al que iría cuando pudiera volver exponerme al sol sin quemarme y caminar horas sin miedo a caer al primer paso. Era  mi sueño. Todavía tengo pendiente ir a Escocia. Es el que elegí y me lo debo!
  2. Mimarse, cuidar el cuerpo físico y colmarlo de atenciones: alimentarlo e hidratarlo bien, relajarse para que esté tranquilo, irse pronto a dormir para permitir que descanse y se regenere… Merece un artículo exclusivo, así que de todas estas cosas hablaré en el próximo artículo. Piensa que tu cuerpo es el único vehículo que tendrás para todos los trayectos mientras permanezcas aquí. Es tu deber cuidarlo.
  3. Meditar. A mí me ayudó muchísimo. Los beneficios que tiene una persona que medita son brutales a todos los niveles, y esto está demostrado científicamente. No hace falta saber. Solo hace falta cerrar los ojos, centrarte en tu respiración (eso te ayuda a estar en el presente) y sentirte. Nada más. Y nada menos. Puedes recurrir a varias aplicaciones que te pueden ayudar al principio.
  4. Dedicar también parte de tu tiempo y empeño en entablar relaciones con los demás. El hombre es un animal social. Nos necesitamos unos a otros. No podemos vivir solos (si queremos armonía, no). Dar y recibir. Aprende ahora si aún no sabes. Hay quien da, da, da… y no sabe recibir! Y al revés! Tanto es necesario un sentido como el otro. Esta práctica es muy importante.
  5. Y siempre, sea el caso que sea, AGRADECER. Te propongo un ejercicio: cada noche antes de dormir, busca 10 cosas por las que te sientas agradecido. Te irás dando cuenta como con el paso de los días, esa lista se hace más larga y tú encuentras más calma en ti.
  • Desde el lugar del que no está enfermo,

    Porque podemos ser vitales para otras personas. ¿Qué hay más grande sobre la faz de la tierra que el poder ayudar a otro ser humano? Nada consigue más satisfacción personal que compartir tu tiempo, tu dedicación y tu amor con otra persona. Quien no lo haya experimentado, le propongo que lo pruebe: eso le devuelve a uno la PAZ.

¿Cómo es posible que haya tantas personas que se sienten solas? ¿Cómo hemos podido llegar a este distanciamiento a veces incluso dentro de nuestras propias familias?

Hablar de esto es complicado. Cada persona es un mundo, cada hogar también. Pero debemos darnos cuenta de que hay que aprender a adaptarse a las circunstancias de la vida. Y esto va para todos. Cada uno que haga introspección y señale sus prioridades. Cada uno que actúe en consecuencia.

Pero si por alguna de aquellas resulta que tú que lees esto tienes un ser querido cerca que está atravesando una circunstancia de enfermedad, por favor, piensa:

¿Qué podrías hacer para ayudarl@?

Recuerda: El AMOR puede ayudar a curar… y todos los seres humanos poseemos la capacidad innata para ayudar a sanar a los demás, simplemente estando a su lado. Acompaña, sonríe. Mañana puedes ser tú.

Consulta el artículo: Lo que aprendi de mi enfermedad
Consulta el artículo: Cuidados físicos en la enfermedad

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